|
Si se sabe usar, el lactato es una buena fuente de energía. Niveles altos de lactato en sangre suelen indicar que el agotamiento es mayor. Muchos atletas huyen de este ácido; sin embargo, es una buena fuente de energía si se acostumbra al cuerpo a usarlo, lo que evita que se acumule en los tejidos musculares. No hay ningún maratoniano o deportista de fondo que no huya del ácido láctico como de la peste. Es un producto de desecho que lleva a que se incremente la fatiga muscular, lo que provoca peores marcas y dolor. Sin embargo, investigadores de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, creen todo lo contrario: el ácido láctico puede ser amigo del atleta de fondo. "Los entrenadores y los propios deportistas no se han dado cuenta aún de ello", afirma George Brooks, profesor de Biología Integral de la universidad estadounidense. El entrenamiento de resistencia enseña al cuerpo a usar de un modo eficiente el ácido láctico como una forma de energía, de la misma forma que los hidratos de carbono almacenados de el tejido muscular y la glucosa en la sangre. El uso eficiente del lactato no sólo previene que sus niveles aumenten hasta ser dañinos, sino que logra estirar las reservas energéticas. Brooks, junto a sus colegas Takeshi Hashimoto y Rajaa Hussien, del Laboratorio de Fisiología del Ejercicio de la Universidad de California en Berkeley, ha analizado el papel del lactato en los dos ciclos metabólicos: el aeróbico y el anaerobio. "Se debe cambiar el modo de entender el metabolismo deportivo", comenta Brooks. "El lactato es el vínculo entre el metabolismo oxidativo y el glicolítico (o anaerobio)". Las células musculares utilizan los hidratos de forma anaerobia para producir energía. Este proceso produce un bioproducto de residuo: el lactato; sin embargo, las propias células queman el lactato con oxígeno para crear más energía. Éste es el primer proceso denominado vía glicolítica, que es la dominante en el ejercicio. El lactato sobrante se filtra fuera de las células musculares a la sangre para ser usado en otras zonas. En ejercicios de alta intensidad el lactato crece antes de que pueda ser desechado y se acumula para crear más energía. El entrenamiento ayuda a utilizar el ácido láctico antes de que llegue al punto que causa fatiga muscular -en el nivel celular-. "Se debe hacer trabajar a la mitocondria de las células musculares para que consuma ese lactato", dice Brooks, que afirma que los mejores atletas del mundo potencian esta capacidad mediante ejercicios a intervalos. "Realizan entrenamientos cortos pero muy intensos, lo que genera grandes cantidades de lactato que provoca una adaptación de la mitocondria para absorber el sobrante de ácido láctico rápidamente. Si se usa, no se acumula". Para moverse, los músculos necesitan energía en forma de adenosin trifosfato (ATP). La mayoría de las personas opinan que la glucosa suministra esta energía; sin embargo, durante el ejercicio intenso la liberación de ATP es pequeña y lenta, forzando a los músculos a recurrir al glicógeno (una reserva de carbohidratos dentro de las células musculares). Años de estudios Experimentos con ranas en los años veinte del siglo pasado mostraron que picos de lactato causaban que los músculos dejaran de trabajar. En la década de los ochenta, el propio Brooks vio en mamíferos que el lactato se movía de las células musculares a la sangre y viajaba hasta varios órganos, incluido el hígado, donde era quemado con el oxígeno para fabricar ATP. Estas investigaciones mostraron también que el corazón prefiere al lactato como fuente de energía.
Powered by AkoComment 2.0! |