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El“portalero” Ahoraque nuevamente empiezan a resonar los proyectos para los próximosmaratones de primavera me he permitido recordar la imagen del atletaque describo como “elportalero”. Alatleta convencional lo describiría como aquel que entrena más omenos ordenadamente. Con regularidad de varios días a la semana,aunque siga el plan personalizado que tiene otro atleta de su mismogrupo. El atleta convencional cuida su alimentación, duerme lashoras perceptivas, utiliza el material deportivo adecuado y es unespecialista en conocer las propiedades de la zapatilla XMXR 34789que están dotadas de lubricación automática para regular lasjuntas de las trócolas y el tubo de escape, dotando al corredor deun equilibrio más certero que el que tuvo Pinito del Oro. Ycomienzael espectáculo, línea de salida, primeros kilómetros,avituallamiento liquido en el km. 5, barrita en el km. 10. “Buenassensaciones”, piensa para si, “me he estado cuidando y esto senota”. Loskilómetros pasan y comienza el sufrimiento. La preparación tieneque aflorar ahora. Yde repente ¡zas! aparece el “portalero” que te pasa como unacentella. ¿Quiénes ese? Preguntareis. El “portalero”: muchacho con más excedentegraso que leche en la CEE. Luce una camiseta de un equipo de fútbol de la capital del Reino donde pelotea un jugador con cuatro letras,dos de ellas vocales, que salva la dignidad del apodo futbolísticocon un acento en la última letra. El pantalón, tan técnico como lacamiseta, parece que se lo ha prestado Eminen; la sisa le llega hastala pantorrilla y el final del mismo coincide con el inicio de unasmedias de lana que parece haberlas tejido una etxekoandredel Gohierri. ¿Y las zapatillas? Se calza unas “voladoras”plateadas de mercadillo de barrio, que es con las que se lleva decalle a esa tirilienla discoque quita el hipo al personal. Yte pasa. No lo puedes aguantar y al grito “esteno me gana así me muera en el intento”, metes caña a tuszapatillas XMXR 34789 con sensorrumyefecto Homecinema. pero el portalero de borceguí plateado cada vez se aleja más de ti.“No puede ser” te repites. No hay explicación. Y entonces escuando se te ilumina la neurona positiva y te dices: “¡La madreque lo parió!, este acaba de salir de un portal. El portalero.” Yllegas a la meta y lo ves allí diciendo que haempezado a entrenar veinticinco días antes de la prueba, dos veces ala semana y que ha seguido el plan de entrenamiento que le ha pasadola vecina del quinto y que encontró en el Telva, al lado de lareceta de “callos a la madrileña con pasas al ron” firmada porel cocinero más parlanchín y con pantalón más discreto de latele. Ytú,muerto. Más flaco que Rocinante y mas gibado que Carpavieja, lesigues oyendo al “portalero” que se bebe una botellita de vino aldía, dos cervezas y unos cubatas los findescuando va a menear el body a la pista de baile. La explicación sobrela práctica de sexo ni la oyes para no caer en una profundadepresión. Ytú,con las manos en las rodillas, intentando recuperar el aliento ypensando que eres un mentecato integral. Que GPS son las iniciales deGilipollas, el isostar un jarabe, las barritas una engañufla y laropa técnica un sacacuartos. Perosi esa ya ha sido una tortura, lo peor está por llegar. Te mandanlas fotosoficiales de la prueba al ordenata y te ves en todas con “elportalero”, que no sólo afea la estética, sino que desmonta lateoría que tan tranquilo te había dejado: no había salido delportal. Aunhay esperanza, dices:“me queda la foto de la llegada de recuerdo”. Y cuando pinchas laúltima instantánea, observas atónito como al fondo aparece unindividuo disfrazado de hutu blandiendo la bandera congoleñaacompañado de otro corredor tocado con montera picona mientrasescancia figuradamente una botella de sidra. Poreso, el hueco reservado en la sala para reflejar las fotos de tushazañas atléticas, aún lo ocupa el cartel de la película “Elplaneta de los simios”.
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