CORRER Y RIESGO CARDIOVASCULAR EN ADULTOS SANOS
Por Javier Barrera
¿Cuántas veces hemos tenido que oír que alguien, en algún lugar del mundo, ha sufrido un infarto o incluso ha muerto “por correr”?. Veamos lo que se sabe al respecto.
Los estudios más importantes en este terreno llegan a la conclusión de
que el riesgo de muerte súbita de origen cardiaco y de infarto de
miocardio es más alto (hasta 25 y 10 veces más, respectivamente)
durante la actividad física vigorosa (y correr lo es) que durante el
reposo o durante actividades más “sedentarias”.
No obstante, en los mismos estudios se observa que las personas
físicamente menos activas tienen un riesgo mucho mayor de sufrir muerte
súbita de origen cardiaco durante el ejercicio físico vigoroso (56
veces más que durante actividades “sedentarias”) que las más activas (5
veces más). Lo mismo se puede decir en relación con el infarto de
miocardio. El riesgo de sufrirlo durante o inmediatamente después del
ejercicio físico vigoroso es 50 veces mayor entre las personas
físicamente menos activas que entre las más activas.
Tras leer lo anterior, alguien (sedentario, por supuesto) podría
pensar: “Ese que va corriendo tiene, en este preciso momento, más
riesgo que yo (que estoy sentado leyendo el periódico) de sufrir un
infarto…y, además, como no tengo ninguna intención de hacer ningún
ejercicio vigoroso, mi riesgo es menor que el suyo”.
Lamentablemente para el individuo del párrafo anterior, no tiene razón.
Los datos que nos ofrecen las investigaciones más relevantes indican
que el número de paradas cardiacas (contabilizando las 24 horas del día
y no sólo el tiempo de ejercicio físico vigoroso) disminuye según
aumenta el nivel de ejercicio físico. En concreto, el riesgo es 3.6
veces mayor en las personas físicamente menos activas que en las más
activas. Por lo tanto, una persona adulta sana físicamente muy activa
tiene, globalmente, teniendo en cuenta las 24 horas del día, menos
riesgo de sufrir un evento cardiovascular grave que una persona sana
físicamente poco activa.
Resumiendo, en personas adultas sanas, el riesgo de sufrir un evento
cardiaco grave (muerte súbita o infarto de miocardio) aumenta
considerablemente durante el ejercicio físico vigoroso (y correr lo
es), aunque dicho riesgo es mucho menor en las personas físicamente más
activas que en las menos activas. Igualmente importante es saber que,
teniendo en cuenta las 24 horas del día y no sólo el momento del
ejercicio físico vigoroso, el riesgo global es mucho menor en las
personas físicamente más activas que en las menos activas.
NOTA: Todo lo anterior está referido a personas adultas sanas, no a
personas jóvenes (sus problemas cardiacos relacionados con el ejercicio
son de otra índole) ni a personas adultas ya diagnosticadas de un
problema cardiaco o que padezcan otras enfermedades, como por ejemplo
diabetes mellitus.
Bibliografía
Thompson PD et al. Exercise and Acute Cardiovascular Events: Placing
the Risks into Perspective. Med Sci Sports Exerc. ACSM and AHA Joint
Position Statement. 2007. http://www.acsm-msse.org
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