Cinco de la mañana, suena el despertador, ¡levántate pamploníca! y da de la cama un “blinco”, mira que ya son las cinco y el entreno es a las seis.
Me asomo por la ventana en esta fresca mañana, cielo abierto, suelo seco, decido salir con gafas, ¡Dios mío que desacierto!.
Y cuando llego al Carmelo, salida de los entrenos, el diluvio universal, y Noé que no ha venido, las gafas que se me empañan y se me llenan de agua, si me las quito no veo, si me las pongo luces y sombras aprecio.
Informo a mis compañeros que llevan consigo a un ciego, oigo risitas, intuyo gestos.
Y la primera en la frente, suelta el Tximbo – chica muy guapa Josema- y yo que no veo ya nada, que me merezca la pena, y Fisher – por aquí vas bien seguro, te lo juro- en medio de un paseo con charcos, ramas y pedruscos traicioneros.
De pronto un brazo me agarra y en el último momento me salva de amputación por un bolardo siniestro, gracias Xavier, ese taxista modelo que paseando a “mister Daisy” aprendió y sirve con gran corazón y esmero.
Estamos a toda prisa, corriendo por la trasera de los Cubos de Moneo, todo negro, oigo risas, no veo nada, grito al Pirata, por si mal mete la pata, quien me dice que va sordo, y tal vez cojo, vayas dos, para este encuentro; y de pronto un muro, y luego una fuente de hierro, y antes otros bolardos, y entre Andrés y Xavier me salvan de quedarme cojitranco “pa” los restos.
Y sigo, o eso creo, que voy por el paseo, de la Concha, de su madre creo, yo no veo ni un pimiento. Y de repente me dicen – cuidado una negra, toda vestida de negro- casi me la como, cierto.
Cuando de pronto les veo, a tan buenos compañeros, que de repente dan un quiebro,
-cuidado, Josema, una chica, … a,… y también un perro- yo sólo vi como un bicho me esquivó en el último momento, pardiez debe ser Sophie, por cierto que no te vi.
Y en esto que el Profesor Bacterio me grita – cuidado farola oscura- y yo que casi la acometo. Y sólo unos pasos más tarde, de nuevo una advertencia, de este amable compañero, - no vayas por ahí Josema, que te caerás a la arena- y no merece la pena.
Oigo voces conocidas, es Pagola , y yo requiero, y porque se queda atrás, - es que vamos a”toa” leche, y cree que a va reventar-. Y luego oigo a Ion y también que se nos queda, o bien sigo con estos o yo “pa” los restos me pierdo, que no se ni por donde vamos ni quienes quedamos, yo por si acaso acelero.
Luego que si esto es el Londres, y este un conocimiento, por su voz se me delata es Arocena, que se apunta a este concierto, ¡”cuidao”! valla, “cuidao” tapia, y este nuevo compañero que no “entien” nada, y cree que nos hemos vuelto locos, y que estamos “pa encierro”. Y así entre coñas acabo este requiebro, el más rápido de los búhos en una maña de infierno.
JOSEMA EL PINCELES BUDITA 10
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