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Las Aporías de Zenón, un maratoniano virtual El grupo de los búhos, cuando está apunto de amanecer, en el momento del encuentro puntual con “Cerecita”, enigmática y comunicativa como una estatua de cementerio, tras debatir sobre lo divino y lo humano, pon fútbol y “eso”, lo más humano de lo humano; alguien recuerda a Zenón y sus aporías. Ya sabes aquel que predicaba la imposibilidad del movimiento, la paradoja del veloz Aquiles y la tortuga inalcanzable, o la del corredor que nunca podrá alcanzar la meta en el estadio, perdido en los espacios interminables, infinitamente divisibles, la imposibilidad de partir, la imposibilidad de llegar. Zenón era como esos maratonianos que nunca superan el muro y piensan que nada existe más allá del mismo. Siguiendo sus aporías bien pudiera ser cierta la teoría del “Torito”, maratoniano corajudo donde los halla, quién opina que aún no ha corrido suficientemente veloz los primeros 20 km, para conseguir una ventaja tan enorme sobre el resto del maratón que permita batir su record. De tal forma que si uno batiera su propio record en la media, y así mismo su propio record en los 10 km, y así mismo su primer mil más veloz y su salida más fulminante, concluiría el maratón en su mejor tiempo. De tal teoría son también el Txurruskat y El Pinceles, quienes tienen fotos en sendas pruebas al lado de los negros en la media de Pamplona, y perdonen el término, pero era así como se denominaba a los atletas de piel oscura, muy oscura, que ganan de calle a los “blanquitos”, uséase los atletas de color pálido, muy pálido. ¿Qué hubiera sido del tal Zenón de haber conocido al corredor Pacopoulos Fruterhon? Ya sabéis aquel célebre atleta que conectó en un maratón con los puentes de Einstein-Rosen, agujeros de gusano, conexiones del tiempo y del espacio, que le permitieron pasar de un punto de la carrera a otro punto kilométrico sumergido y abducido en la relatividad del tiempo y que le valieron la incomprensión de sus congéneres. Pues Zenón se habría acercado a la teoría de la relatividad aquella “de que dos observadores que se mueven relativamente uno al lado de otro con gran velocidad, cercana a la de la luz, a menudo medirán diferentes intervalos de tiempo y espacio para describir las mismas series de eventos”. Es decir, la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento del observador. ¡Ay! Zenón cuanta paradoja tiene esto del correr, correr deprisa para llegar al mismo sitio, o a ninguna parte o tal vez a donde tu quieres o deseas, porque más allá de correr para batir un tiempo, ¿qué buscas cuando corres?. En tu respuesta te encuentras a ti mismo y tu búsqueda, porque un buscador no es necesariamente quién busca sino quién encuentra. EL PINCELES BUDITA10 JOSEMA
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