26,2. Camino de Nueva York.

Me había hablado de este programa televisivo, que se proyecta en Tele5 Sport de lunes a viernes sobre las 21.00 horas (imprescindible tener TDT), “El Predicador” y el otro día tuve ocasión de verlo y sorprenderme. El formato de este concurso es similar al de Gran Hermano pero sus componentes son atletas aficionados que tiene como premio correr las 26,2 millas en el próximo maratón de Nueva York. Sentado en mi sofá soporté la carátula del programa con la atención que ponía un adolescente de nuestros tiempos ante una escena de sexo explícito y el estupor de creer haber odio a una soprano –perdón a las sopranos por la comparación – emitir, sin lugar a dudas bajo tortura física o maltrato psíquico, unos alaridos pronunciando reiteradamente y con tono cada vez más estridente el adjetivo “ímbeciles” mientras de fondo se veía a un individuo corriendo. No pude menos que aposentar mi trasero en el sofá, apretar los dientes y gruñir como lo haría el perro Pulgoso (¡qué grande eres!), en un capitulo de dibujos animados ante semejante despropósito. Pero lo mejor estaba por llegar. Alojados en un hotel se encontraban diez personas anónimas que con diferentes experiencias atléticas, algunos de ellos principiantes, se estan preparando para afrontar su primera maratón. Entre los atletas televisivos podemos observar a mujeres y hombres, de diferentes edades y condición, bien corriendo o recibiendo un masaje - tailandés en este caso administrado por un hombre fornido- o ejercitándose con un balón inmenso en el difícil arte de los estiramientos. Hasta aquí todo puede ser “normal”, pero de repente llegó mi sorpresa y admiración. Uno de los participantes, de voluntad de hierro y tesón equiparable al de Ricardo Corazón de León, se esforzaba en seguir al grupo. Su fisonomía era una mezcla entre Julian – sin acento, por favor – Schnabel, el picador de Botero y un jugador de rugby de la selección de Samoa. Vamos que probablemente sería más fácil saltarlo que darle la vuelta. Ese día, tocaba el primer rodaje largo y el grupo, dividido por objetivos señalados por el “trainer”, acometía un entrenamiento de veinte kilómetros. Allí salieron todos perfectamente equipados, ¡envidia que dan, oye!, para hacer los deberes. Al rato la cámara reparó en el trabajo de nuestro héroe “El malagueño”. Iba sólo, con una botella de agua en la mano que me trajeron recuerdos cercanos de un integrante del club que sigue tal doctrina y que escribe unos artículos donde entremezcla la sencillez de Kundera, la naturalidad de Buckoski y la doctrina de Buda, y una sofoquina impropia del kilómetro cuatro por el que transitaba. Cuando la toma de la cámara captó a mí admirado corredor por la “popa” no pude obviar comparar la imagen con la de aquél anuncio televisivo en el que los animales se emparejaban de dos en dos a bordo de un coche, y un tierno y admirado cerdito corría despavorido detrás de sus compañeros de spot que viajaban introducidos dentro del maletero del utilitario ofertado. Lo digo con todo el respeto y admiración hacia mi héroe, pidiendo perdón por lo cruel de mi desmedida consideración, impropia de un atleta. Llegó a meta tras dieciocho kilómetros, dos menos que el resto, en dos horas y cuarenta y nueve minutos.
¡Este tío es un monstruo!. Un fuera de serie. Aguantar sólo, con la presión de las cámaras de TV, la audiencia, su “body” y la fatiga todo ese tiempo, en un entrenamiento en el que llegó exhausto y al que aún le restan para completar la prueba de Filípides el doble de los kilómetros recorridos más casi un tercio de propina y no haber mandado a “esparragar” al atletismo y a la madre que lo fundó lo hace especial y aún más cercano. Tanto, que entiendo debe tener una plaza asegurada en el puente de Verrazano, y vaya desde aquí mi apoyo incondicional a su sólida candidatura. Os invito a que veáis el programa, que dura un poco menos de media hora, y degustéis la excelente interpretación de la aspirante a soprano, que por cierto no dice “imbéciles” sino “invencibles” (me tengo que mirar esto de las orejas), las hazañas del grupo y el tesón que atesora este hombre que supera con creces su amplia humanidad. Y no conviene olvidar ver la publicidad, entre corte y corte, para observar lo que es capaz de hacer un individuo con una fregona en ristre, que por cierto vende por correo a un “módico” precio, y obsequia a los televidentes que efectúen las cien primeras llamadas encargando el imprescindible accesorio, con unas chancletas modelo exclusivo para ir a la playa en pleno mes de Noviembre. ¡Ahí queda eso!. Un espectáculo. Un placer IL CAPO DE PESA
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HOLA Escrito por ojordo el 2008-01-31 12:04:32 Hola Alex: Soy el que como llamas tu : " el picador de Botero y un jugador de rugby de la selección de Samoa" . Gracias por tus palabras, solo comentarte que no soy malagueño, naci en Venezuela y actualmente vivo en Coruña (tierra donde nacieron mis padres), pues eso solamente, un abrazo y un abrazo afectuoso. Saludos.Miguel A. Paz Dans. |
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