El 10 de Junio de 1981 a las 23 horas sir Sebastián Coe tomaba la salida en el meeting de Florencia y 1 minuto 41 segundos y 73 centésimas después llegó a la meta batiendo el record del mundo que el mismo había batido en Oslo dos años antes con 1:42:33. Esa carrera tiene una anécdota que con el paso de los años ha tenido un peso extraordinario, ya que la liebre en esa carrera fué Billy Konchellah que luego llegó a ser dos veces campeón del mundo de la distancia. Sir Sebastian fué el primero en romper la barrera del 1:42.
Sabías que.... la primera campeona olímpica de maratón fué la norteamericana Joan Benoit en Los Ángeles 1984 con un tiempo de 2:24:52 teniendo como acompañantes en el podium a Grete Waitz y una joven portuguesa que luego fué una referencia en el atletismo femenino mundial
Rosa Mota. Otra de las imágenes de este primer maratón olímpico fué la llegada a la meta de Gabrielle Andersen-Scheiss completamente deshidratada y dando tumbos para derrumbarse nada mas cruzar la meta.
Es ley de vida. Hacer de la necesidad virtud. El cojo dice que no corras, que es peor. El obeso, que los flacos son muy tristes. El que fornica a jornada completa, que la familia numerosa es una bendición. Y el lesionado, como yo,... que correr es de locos.
Normal. Hay que vivir. Pero, advierto, a mí me queda poco. No van a pasar muchas fechas sin que -como Joseba Erauskin- salte al cuello de quien se atreva a criticar a los atletas.
La culpa de mi probable regreso la tieneOier Oregi. Un fisioterapeuta jovencísimo pero que acumula una gran experiencia en el tratamiento de deportistas (ha sido el Fisio del C.D. Eibar varios años, y por su Centro desfilan futbolistas, atletas, pelotaris, etc. Yo he coincidido con Olaizola I y con Rubén Beloki). A mí me lo descubrió un jugador de baloncesto reconvertido a fondista, y la verdad es que estoy encantado.
En su Centro de Fisioterapia dispone de un instrumental del que yo desconocía su existencia, como una máquina de calor o de ondas cuyos efectos penetran hasta el músculo o el tendón más recóndito, o un pequeño aparato de contracciones musculares que, mediante agujas, lo inserta en el tejido lesionado.
Además de hacerlo con las manos, Oier trabaja también con ganchos, una técnica novedosa que sirve para mejorar lesiones como las tendinitis, al eliminar las adherencias. El caso es que mi veterana lesión de isquiotibiales, cuando había desistido de curarla tras haberme recorrido todo el censo de fisios, está comenzando a recuperarse.
Este chaval es, por mucho, lo mejor que yo he encontrado en recuperación de lesiones. Cada sesión cuesta 25 euros (30, si te enchufa la máquina especial) y, por si le interesa a alguien, los datos de contacto son:
Oier Oregi Tlfno. 943-75.00.22 Santa Ana kalea, 7 Soraluze
Si alguien le llama, que le diga que es del Donostiarrak, pues con eso él ya se hace idea del tipo de deportistas que somos (veteranos y con muchos kilómetros encima).
La presencia de mujeres en cualquier actividad cultural es superior a la de los hombres. Sensiblemente superior. Sea el cine, una exposición, una charla, o incluso un gimnasio, las mujeres muestran un interés mayor. Salvo en dos actividades. Una, en jugar a cartas. Búsquese un tascucio insalubre y lleno de humo, y compruébese la desproporcionada proporción de machos-hembras.
Otra, el atletismo. No vayamos más lejos y miremos en nuestro club o en cualquier carrera en la que participemos.
Lo que da que pensar. Sigamos con lupa los pasos de la lógica: 1.- Las mujeres son más participativas que los hombres. 2.- Las mujeres -está universalmente reconocido- tienen más sentido común que los hombres. 3.- Las mujeres -salvo excepciones- no están por practicar el atletismo.
¿No sería prudente, pues, poner al atletismo en cuarentena?
Hombre, podría ocurrir otra cosa. Que los hombres que corremos tengamos alguna tara común. Podríamos ofrecernos -yo sería el primer voluntario- para que algún laboratorio nos efectuase una trepanación e, introduciendo la linterna por el orificio, comprobase el estado de nuestro cableado.
Quizás ahí estuviese la explicación. Lo decía León Felipe: romper la cabeza para ver si dentro está la luz o está la nada.
El fanatismo y la religión están tan unidos como el invierno y los catarros. De hecho, uno de los orígenes latinos que se atribuye a esta palabra es precisamentefanum (templo). Cierto que la patria o el fútbol suelen generar también fanáticos peligrosos, pero sólo cuando se viven ambos como algo pretendidamente superior, esto es, como una religión. Y por existir, puede que alguien conozca a un fanático de la música o del cordero al chilindrón, pero estos tienen ya un carácter inofensivo y no pasan de tener una afición inmoderada a Mozart o Arzak.
Vaya por delante que no soy parroquiano -salvo de una taberna antiguotarra donde expenden un aceptable Rueda- ni ateo furibundo. Me muevo en la normalidad, es decir, en una agnosticismo moderado
.Si traigo a esta líneas la relación entre fanatismo y religión, es por una cuestión menor. Verán, no conozco a un fanático que sonría. Y no hace mucho, con ocasión de unas caricaturas, hemos podido comprobar el efecto del humor en colectivos fanatizados.
Quizás en la religión no esté el germen de ningún mal, pero desde luego es el caldo donde beben algunos de ellos. La seriedad excesiva, la severidad, por no decir la intolerancia... Por eso no me gusta que una cosa tan baladí como correr se sacralice. Porque comenzamos a hablar de sacrificio, de muro, de heroicidad, de superación... y acabamos expulsando al que se fume un pitillo.
Si perdemos la posibilidad de reirnos de nosotros mismos -y mira que somos risibles corriendo a estas edades-, estamos haciéndonos un flaco favor. Las crónicas de Joseba Erauskin tienen esa virtud, la de proponer una mirada humorística sobre nuestra actividad atlética, poniéndonos ante un espejo que acaba por provocarnos la sonrisa.
Hombre, sin pasarse. Cuando el periodista Ussía se presentó a la presidencia del Real Madrid, expresó su gusto por reirse de sí mismo autobautizándose como "El orejas". Pero eso que le hacía gracia cuando él así se llamaba, la perdió cuando escuchó a un viandante dirigirse a él con ese mote a voz en grito. Eso fue la primera vez. Al segundo, le respondió llamándole "hijo puta". Y al tercero... le tuvieron que sujetar.
Por mucho que el marathon provenga de la célebre batalla, y los propios griegos organizaran sus olimpiadas hace más de dos mil años, el atletismo, por no decir que casi todo el deporte, es uninvento moderno. Hasta recién -que diría un argentino-, se corría por necesidad.
Que apenas exista literatura sobre el atletismo es una consecuencia lógica. Tenemos"La soledad del corredor de fondo",de Allan Sillitoe, que sería el best seller del género. También se puede encontrar en los catálogos"La chica de oro",de Peter Lear, una mediocre novela sobre las peripecias de una velocista, y"La carrera de Flanagan",de Tom Mcnab, un insólito relato sobre una carrera de costa a costa en U.S.A.. Y hace unos veinte años, Alejandro Gándara -un excelente mediofondista- publicaba"La media distancia",una novela moderna donde el atletismo protagoniza una parte del relato.
En parecida situación de orfandad literaria se encuentra el ciclismo. Que yo conozca, existe una novela que publicó Javier García Sánchez en homenaje a Perico Delgado y que la tituló"L'Alpe d'Huez".Un relato con más voluntad que acierto, en cuya etapa reina el sprint final deja desfondado... al lector. Y poco más hay para llevarse a la boca.
Podíamos afirmar, pues, que la gran novela sobre el atletismo está por escribir.Queda lanzada la idea. Además, no habría que rebuscar material: la fauna que tenemos en este club, daría para escribir no un libro, sino una enciclopedia.El problema sería el género. ¿Tragedia,comedia,thriller...? Cualquiera podría ser,géneroerótico excluido.Una cosa es ver a DanielDaniel Craigemergiendo del agua, y otra muy distinta ver a los chicos del Donostiarrak saliendo ateridos delbaño en Ondarreta, con el pecho hundido y el vientre prominente.
Es una comedia en clave de metáfora de la clase media américana .Hay que reconocer que los yanquis son únicos cuando se trata de meter el dedo en la llaga de la sociedad occidental.Es una pélicula que nos mantiene la sonrisa puesta a pesar del vitriolo que destila.
Una familia desestructurada (los Hoover ),un hermano Gay estudioso de Proust ,un padre progreta pasadillo y colgado ,un marido(Richard)conferenciante que quiere vender un programa de nueve pasos(que recuerdan a la piramide de Maslow y sus 5 pilares)para triunfar en la vida.Si no los logras eres un fracasado.Una mujer agobiada por los continuos problemas de la familia.Olive una niña que le gustaría ser reina de la belleza, y un hijo que lee a Nietzsche y quiere incorporarse la academia de las fuerzas armadas.Olive"Pequeña Miss Sunshine ,va a participar en un concurso en California y se ven todos abocados en un viaje lleno de situaciones extrambóticas que les cambiará sus vidas .